Aki Moncayo Imprimir E-mail

El Discreto Duende del Moncayo

Cuando se mira un lugar, una cosa, una experiencia, se puede hacer de soslayo, para llenar un tiempo o para zambullirse en las cristalinas aguas que funden los crisoles de luz que cada gota transporta.

Nosotros nos ensimismamos con el Moncayo desde todos los tiempos, desde todas las direcciones, sin ambigüedades, sin propósito concreto, tan solo nos atrae la aventura de zambullirnos en su alma y dejarnos llevar por su delicado aroma, por sus psicodélicos colores, por su entrañable ternura, por su calidad de brisas, por su destellante futuro. Les invitamos a realizar este recorrido, en el que tan significativo es lo objetivo como lo subjetivo, lo tosco como lo sutil, lo culto como lo oculto.

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